Desmantelar lo panorámico

Pieter Bruegel. Los Cazadores en la nieve (invierno). 1565

Descubrí a Pieter Bruegel a través de los films de Andrei Tarkovski. Sin embargo, después de ver El Espejo (1975), el tema cobró otra dimensión. Comprendí aún más, el enfoque panorámico deconstructivo, influenciado en el gran pintor flamenco.

 

Un grado de composición visual “in crescendo”, cuyas escenas transmiten una sensación de mucha vitalidad entre la gente y su entorno. Y en donde podemos trazar una deconstrucción de la imagen, desmantelando la totalidad de la escena o del cuadro en varias partes.

Pieter Bruegel. Paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros. 1565

Fragmento del cuadro anterior

Y esa forma de “ver panorámica” la encontré en varios instantes de creadores visuales por los cuales siempre sentí una gran admiración.
En la verticalidad voyeurista a través de “una ventana indiscreta” de Sergio Larraín en Sicilia…

Fotografía © Sergio Larrain. Sicilia 1959

O en otra vertical, con esa sensación eterna de “caerse” sobre la gente con un prodigioso horizonte inclinado en donde se puede deconstruir varias escenas de los instantes de los niños en sus juegos en una perdida calle de Argel…

Fotografía © Sergio Larrain. Argel, Argelia 1959

A lo largo de los años, fui guardando en una carpeta de mi ordenador este tipo de imágenes y gracias a Bruegel y al enfoque tarkovskiano de su “El Espejo”, me maravillé de la real dimensión de esta estrategia visual, tan comprometida con el entorno, tan concienzudamente adaptada al presente y que perdura en nuestros instantes sin colapsar en un documento que solo remita al pasado como suele ser la pulsación vital de una fotografía.
Algo de todo ello, tiene la siempre vital instantánea de Édouard Boubat en los jardines de Luxemburgo en Paris. Aún siento como si fuera algo que pasó hace un rato mientras jugábamos con la nieve.

Fotografía © Édouard Boubat. Paris 1955

Esa visión de Bruegel también la encontré en artistas visuales contemporáneos como Jule Blackmon y en especial en su proyecto Homegrown.

Fotografía © Julie Blackmon

Bruegel más que ningún artista se consagró a plasmar la permanencia y la fugacidad. En sus cuadros podemos observar el paso del tiempo, pero también el salto repentino de un momento a otro: el desarrollo de una acción en progreso dentro del cuadro.

Pieter Bruegel. Juegos de niños 1560

Los cuadros de este genial pintor flamenco, films de Tarkovski  o al igual que las imágenes mencionadas (omití muchas más que por razones de espacio no las publico) son, al fin y al cabo, como paradojas ópticas que escapan de la lógica que el sentido común señala, produciendo un efecto de contradicción e incertidumbre.

Pieter Bruegel. La Cosecha (agosto – septiembre) 1565

Estos creadores visuales han querido engañar a nuestros sentidos con trucos visuales (masas desenfocadas en primer plano, uso de diagonales divergentes) o juegos de perspectivas inesperadas (en muchos casos, planos en picada) que rompen el encasillamiento de ver todo con las pautas de normalidad que nuestros sentidos dictan. Allí se genera la ruptura visual. Por eso tiene tanta vigencia el “ojo” de  alguien como Pieter Bruegel, llamado EL VIEJO.

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Marcelo Caballero. Fotógrafo
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