Multicolored Blues

Hablar de algún color es hablar de emociones encontradas, de pérdidas, de intensos afectos, de sensaciones intangibles que recuerdan a un perfume, un encuentro fortuito, una despedida. No cabe dudas que hablar de algún color implica buscar afanosamente palabras adecuadas para delimitarlo o limitarlo. Y no queremos darnos cuenta que los colores huyen de las etiquetas, se escurren como la  arena de las manos y darle un significado concreto es sencillamente imposible… En síntesis, el color tiene su lenguaje propio, irreductible.

Quizás la culpa de esta prosaica reflexión sobre el color, la tenga un libro que acabo de encontrar en una librería: Los Colores Primarios de Alexander Theroux que debo reconocerlo como un texto poco convencional, inclasificable. Y con la excusa de los colores primarios: azul, amarillo y rojo, el autor  comienza a ejecutar una maravillosa improvisación literaria (como si se tratara de un solo de jazz) de pequeñas reflexiones, ideas, recapitulaciones históricas, artísticas escritas de una manera poética y con gran sensibilidad.

Por ello, me gustaría transcribir algunas párrafos que invitan a la reflexión sobre algo tan intangible como es el color.

Fotografía © Costa Manos. New York, 2001

El azul es un color misterioso, el tono de la enfermedad y la nobleza, el color más raro en el reino natural. Es el color de las profundidades ambiguas, de los cielos y, al mismo tiempo, de los abismos, azul es el color del lado de la sombra, el tinte de los maravilloso y de lo inexplicable, del deseo, del conocimiento, del blue porn, las películas porno; del blue talk, que es hablar con crudeza; de la carne cruda, del bife jugoso, de la melancolía y de lo inesperado (once in a blue moon: cada muerte de obispo; out of the blue: así de la nada). Es el color de las placas de ánodo, de la realeza de Roma, del humo, de las colinas lejanas, los matasellos, la plata de Georgia, la leche desnatada y el acero reforzado; de las venas vistas a través de la piel y de las notificaciones de despido en el negocio de los ferrocarriles.”

 

Fotografía © Bruno Barbey. Nazaré, 1993

El amarillo es un color que tiene, para toda su dramática inalterabilidad, miles de significados, insospechadamente, al menos para mi, es la primera referencia de un niño en materia de colores. La Pascua es amarilla. También la primavera y gran parte de la belleza del otoño. Tiene reminiscencias de cuerno antiguo, de moneda falsa, de la artemisia y el sol generoso. Es el color de la manteca, del arsénico, las esponjas, la luz de la vela, el pasto famélico, el ámbar traslució, de los emisores de transmisión catódica en el cableado de bastidores eléctricos”.

 

Fotografía © Cristobal Hara. Amedillo, 1996

El rojo es el más audaz de todos los colores. Representa la caridad y el sacrificio, el infierno, el amor, la juventud, el fervor, la vanagloria, el pecado y la expiación. Es el color del azufre en la alquimia, la fuerza de la Cábala, el color hebreo de Dios….de la Navidad, la sangre, el dragón apocalíptico, los guantes de box, un fuego intenso, las manchas del planeta Jüpiter, las marcas del nacimiento y los cardenales de la Iglesía Católica Romana”.

 

Fotografía © Tod Hiddo. Washington, 2017

El color, sentía Delacroix, tiene una influencia más misteriosa y más poderosa sobre nosotros que cualquier otra cosa. Actúa sin que nosotros lo sepamos, escribe el pintor.” Y también: “¿Qué quiso decir el gran Billy Strayhorn con su composición ‘Multicolored Blue’ si no la magia de percibir una espiral intracromática de colores en aquello que al torpe le parece de un solo color?”.

 

Hasta pronto!

Acerca de marcelocaballero

Marcelo Caballero. Fotógrafo
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